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¿Por qué y cuándo cambiar a una silla carenada?

En la vida de un piloto, llega un momento en el que nos apetece mejorar nuestra práctica del parapente, y eso pasa necesariamente por cambiar el material por uno que se adapte mejor a nuestro objetivo.

En lo que respecta a la silla, con frecuencia el mayor cambio consiste en pasar de una silla abierta a una carenada. El piloto se hace entonces muchas preguntas:

  • ¿Tengo el nivel?
  • ¿Qué modelo elegir?
  • ¿Cómo se entra en la silla tras el despegue?
  • ¿Qué hacer en caso de incidencia en vuelo?

Con estas reflexiones vamos a tratar de transmitir algunas claves para comprender el paso a una silla carenada.

POR QUÉ

¿Cuáles son las razones que nos motivan para cambiar a una silla carenada?

En lo primero que pensamos es en la ganancia de prestaciones aerodinámicas. Es cierto que una silla carenada mejora las prestaciones generales del conjunto vela+piloto+silla, al limitar la superficie frontal expuesta al viento relativo, y reduce por lo tanto la resistencia de forma o parásita. Sin embargo, estas ganancias de prestaciones no deberían ser el criterio principal, pues se corre el riesgo de verse decepcionado. A muy alto nivel (competición de alto nivel, vuelos de distancia de envergadura...), esa ganancia de prestaciones sí será interesante para superar a los rivales. Pero para vuelos locales y hacer pequeños vuelos de distancia, la auténtica ganancia de prestaciones no se logrará necesariamente con eso.

El segundo argumento que se suele aducir es el confort. Confort por la manera en la que van apoyadas las piernas, pero también por la protección contra el frío que ofrece el carenado.

Y es precisamente este aspecto el que, intrínsecamente, aportará más rendimiento a tus vuelos.

En efecto, el frío es una fuerte limitación en cuanto el vuelo pasa de las 2 o 3 horas. El frío va calando sin que apenas te des cuenta y de pronto el cuerpo debe gastar calorías (o sea, energía) para combatir ese frío. El resultado es que si se está volando distancia, la fatiga aparece antes. Con la fatiga viene una disminución de la atención, de los reflejos, de una buena toma de decisiones, con lo que al final perdemos rendimiento en vuelo.

La protección contra el frío supone por lo tanto una verdadera ganancia de prestaciones al permitir al piloto estar mucho más tiempo rindiendo al máximo, pero también aporta una auténtica mejora en términos de seguridad.

El tercer argumento es que resulta innegable que ¡las carenadas tienen buena pinta! 😉

CUANDO

Otra pregunta clave es: ¿cuándo está uno preparado para pasar a una carenada?

Para responder a esta pregunta, antes que nada deben tenerse claras las limitaciones y particularidades asociadas a volar con una silla carenada.

  • Bulto y peso: una silla carenada a menudo abulta más y es más pesada. ¡Hay que aceptarlo! Eso puede dar lugar a que resulte más incómodo moverse con ella en el despegue y el aterrizaje, y precisará de un aprendizaje suplementario.
  • Postura y referencias: para que sea cómoda y eficaz, una silla carenada debe volarse en posición de semi-reclinada a reclinada. Esta posición obliga al piloto a buscar las informaciones del vuelo en una zona relativamente alta (horizonte/cielo/vela) y limitará el campo visual situado por debajo del horizonte.
  • Equilibrio mecánico: postura más reclinada, lo que disminuye la inercia de alabeo (disminución del filtro de alabeo, aumento de los movimientos transmitidos por la vela), aumento de la inercia de guiñada.
  • Equilibrio aerodinámico: el paso de una posición sentada a reclinada modifica claramente el equilibrio aerodinámico, sobre todo en el eje de guiñada, que se combina con un aumento de la inercia en guiñada. Una racha de costado, una reacción mal dosificada y en seguida nos veremos entwistados. Esta posición necesitará aprender un gestual específico en caso de incidencia en vuelo.
  • Estabilidad frente a inestabilidad: la posición reclinada vuelve la silla más sensible a cómo transmite informaciones la vela, sobre todo en el eje de alabeo. Se combinan dos fenómenos: disminución de la inercia en alabeo, que actúa como un filtro sobre las oscilaciones en alabeo y modificación del centro de gravedad, que se encuentra más bajo, lo que hace más inestable el conjunto. Al levantar las piernas para llevarlas estiradas hacia adelante y al reclinarse, el centro de gravedad remonta ligeramente y vuelve más sensible a los movimientos de alabeo al conjunto piloto/silla.

Pasar a una silla carenada aporta varios aspectos positivos (abrigo, prestaciones), pero también conlleva sus inconvenientes, los cuales habrá que aceptar e integrar en la manera de pilotar.

El momento oportuno para pasar a una carenada será cuando seamos conscientes de los inconvenientes que deben tenerse en cuenta (¡y aceptarlos!) para disponer de las ventajas que aportan.

Os invitamos a recuperar la entrevista a Max JEANPIERRE en podcast (desde 1:03:03) www.cloudbasemayhem.com de nuestro embajador Gavin Mc CLURG 

CONSEJOS DE PILOTOS...

Al principio, las carenadas se inventaron para ganar prestaciones. Actualmente, ese no es el único criterio. El confort, el abrigo y el querer estar a la última también entran en juego. Pero atención, pasar a una silla carenada no es algo anodino y debe pensarse bien. Una silla carenada trae consigo complicaciones en todas las fases del vuelo (prevuelo, despegue, giros, turbulencia, incidencias y regreso al suelo). Las prestaciones puras tampoco son una razón válida (salvo en competición). Basta con fijarse en los ajustes del ángulo al que vuela la mayoría de pilotos que lo hacen con sillas carenadas para ver que generan al menos tanta resistencia como si fueran en una silla abierta (leer el excelente artículo de Kortel sobre este tema). Para volar con una silla carenada hay que estar bien informado de las cosas que eso va a cambiar en el pilotaje. Resulta imperativo (para mí) hacer un SIV con tu nuevo juguete antes de girar las primeras térmicas.

Esta debe ser una decisión cuidadosa y bien pensada, y sobre todo no tomarla por hacer "como hacen mis amigos".

Damián LACAZE

Miembro del Team Kortel de Aventura y Competición

Mi opinión es que podemos imaginar la silla carenada como un suplemento de confort para el piloto.

Al ir más cómodo, uno puede concentrarse en aspectos más técnicos y de las tácticas de vuelo que se adoptan.

Este paso a silla carenada puede hacerse a condición de tener suficiente bajage técnico para aprovechar todos los recursos. De hecho, los riesgos en caso de incidencia en vuelo son mayores y más delicados de gestionar que con una silla abierta.

Por eso es necesario experimentar de una manera segura (en un curso SIV), la diferencia de gestión de las incidencias en vuelo con una silla carenada y una silla abierta.

Rémi BOURDELLE

Miembro del Team Kortel de Competición

Pasamos a una silla carenada por numerosos motivos: para ir más abrigados y cómodos si hace frío (eso nos puede animar a pasar a una rápidamente), para tener más prestaciones (en este caso, podemos esperar hasta que lo que busquemos sean prestaciones y una vela apropiada).

No cogeremos de golpe la misma silla para hacer los primeros vuelos de distancia con nieve aún en las cumbres y nuestra pequeña vela B en los que lo que buscamos es sobrevolar paisajes increíbles (pero en los que hace frío), que para una manga de la copa del mundo en la que cada 0,1 de planeo es lo que te permite llegar o no al gol...

Un consejo: cuando pasamos "verdes" (en términos de nuestra trayectoria como pilotos) a una carenada, no hay que olvidarse de ir poco a poco. Es decir, encontrar una silla carenada en la que la posición de vuelo sea lo más erguida posible para reencontar las referencias de tu silla anterior, e ir reclinándose progresivamente (aunque también puedes anticiparte y mientras sigues volando con tu silla abierta ir reclinándote en ella poco a poco).

Sam AVENNE

Miembro del Team Kortel de Competición

¿Cuándo y por qué pasar a una silla carenada?

¿Lo necesito? ¿Qué me va a aportar?

Para pasar a una silla carenada:

- Es necesario conocer el tipo de vuelos que nos interesan para que eso nos oriente hacia los diversos productos que existen.

-Tener un nivel suficiente, en función de las exigencias de la vela y de la cohesión vela/silla.

- Necesitar confort y ergonomía para estar muchas horas en el aire sin fatigarse, y mantenerse abrigado. 

Atención: ¡nunca cambiar de vela y de silla al mismo tiempo!

Arthur MOINDROT

Miembro del Team Kortel de Competición